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L

La naturaleza compone cuadros improbables, es una composición heterogénea de elementos vivos dispares, convocados en extrañas escenas que responden unas a otras, a modo de drama vital en innumerables actos. El enigma no está oculto, ni mucho menos,  es visible, aunque de difícil respuesta. Un gato negro y blanco, de músculos poderosos, lleno de energía, sube por las ramas de un árbol, a toda velocidad, hasta alcanzar el límite de la copa, la cúspide. Se detiene unos instantes, de perfil, para contemplarse a sí mismo y regocijarse de su potencia. Está satisfecho; ha subido hasta lo más alto. Al mismo tiempo, un cuervo levanta el vuelo y pasa, en la distancia, justo en la horizontal del gato, detrás suyo; el gato oye el batir de las alas y gira la cabeza para contemplarlo. Sus miradas coinciden en un instante de eternidad; una conexión universal chisporrotea entre los dos como electrodos sumergidos en el agua. El cielo se ilumina. Forman parte de un mismo escenario, pero es como si vivieran en mundos incomparables, alejados por millones de galaxias. La escena se acaba; el cuervo desaparece. El gato mira de nuevo al frente. Ahora toca bajar. Tan rápido como pueda. Más que al subir.

XLIV

Quien quiera saber lo que es la vida, la celebración de la vida, el festejo interminable del puro hecho de existir, sin reservas ni promesas, no tiene más que observar la recuperación súbita de un gato, tras un accidente que lo había dejado postrado. Los saltos de júbilo, las vocalizaciones de entusiasmo, las subidas y bajadas en estampida de los árboles son la prueba para sí mismo y para los espectadores de que está vivo, la demostración fehaciente de toda su potencia de existir y la alegría inherente a su puesta en acción. Ante esta muestra de fe en la vida, cualquier otra creencia se revela vana.

VIII

A pesar de las supuestas excelencias y las jactancias sin límite del hombre respecto a los otros seres vivos, los animales creen que la vida humana está sobrevalorada y que no hay para tanto. Tanto en lo que se refiere a la mortandad, millones de especies animales aniquiladas sin a que nadie parezca importarle, como a las habilidades y potencias, el juicio emitido no se rige por un criterio de proporcionalidad. El Ampelis europeo, un ave del tamaño del estornino y de formas compactas, come en invierno bayas semifermentadas; este placer prohibido, saboreado con calma en lo alto de las ramas, puede emborracharle e impedirle volar de forma temporal. Al parecer, tiene un hígado muy eficiente, en todo caso mejor que el humano, para metabolizar el alcohol, ya que se recupera con rapidez, sin presentar los síntomas de pesadez, aturdimiento y aspecto lamentable tan característicos después de la ingesta de bebidas alcohólicas. Como en todas las cosas, la virtud es el exponente de una potencia específica, un saber vivir inalienable; el beber no es una excepción.