Mostrando entradas con la etiqueta presa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta presa. Mostrar todas las entradas

LII

El predador lee el alma de la presa, en cierto modo, la conoce mejor que ella misma, cada movimiento, cada gesto, las miradas de reojo, los titubeos, no se le escapa detalle; entabla una relación íntima que culmina y, a la vez, concluye, cuando la captura y devora. Esta "empatía" absorbente, unidireccional, a veces muestra atisbos de redención, incluso de reversión. Después de que el gato lleva un tiempo jugando con alborozo, corriendo de una lado para otro, y lanzando por los aires un petirrojo muerto, para un momento, se gira y emite una especie de lloriqueo, como un niño que se lamenta por un juguete roto, como si rogara, esperara que le insufláramos de nuevo la vida, le diéramos vida de nuevo para reiniciar el juego de la fascinación y la captura. Antes estaba mejor. Le gustaba más cuando estaba vivo. Había una auténtica relación, una complicidad, una sincronía, embebimiento de las almas en una fuente común. No quedaba nada de eso. El gato lloriquea. Es que no ves que ya no está aquí. Haz algo. - No puedo hacer nada. Lo has matado. - No quería hacerlo. - Da igual. El exceso de intimidad lo ha matado. - No ves que no es lo mismo. Haz que vuelva. - ¿Para qué? ¿Para cazarlo de nuevo? - Quizás, esta vez será diferente. Mira al gato. Espera una respuesta. La alegría se ha convertido en desánimo, desilusión. Dirige la atención a otra parte  El cuerpo inerte del pájaro queda tendido en el suelo.

XXXIII

De los animales deberíamos aprender algunas cosas, al menos dos, valorarlas en su justa medida e interpretarlas como un regalo, una gracia que no siempre es posible. La primera es saber dormir, descansar con total placidez, abandonarse al sueño, con la tranquilidad de no tener nada que temer y como si fuera la última vez que dormimos; aunque esta posibilidad en raras ocasiones se cumple excepto en las crías o los animales en un entorno doméstico. La segunda es saber comer, experimentar la comida como una verdadera RELACIÓN con el mundo, siempre difícil de encontrar, casi un milagro, un deleite, un acto festivo y alegre por sí mismo. La oración a la hora de la comida, el dar gracias por poder comer una vez más, no es ni mucho menos una creación humana. Otra cuestión es el caso de los depredadores; la presa no debe ni puede compartir esta alegría.

XIII

Hugo de pelo negro es un hombre y le gustan los hombres; Jaime no, es un gato, y no tiene preferencias por hombres o mujeres mientras reciba la atención que se merece. Duermen juntos, Jaime al lado, con la cabeza hacia los pies de la cama, siempre igual. Pero esta noche es diferente. Jaime está frente a él, erguido, apoyado en las patas traseras, y empieza a hablar: "Pues yo estoy contento, qué quieres que te diga, no está tan mal ser un animal doméstico. Lo que pasa es que se tiene una visión muy negativa de la domesticación. Yo lo veo más bien como una simbiosis, un intercambio provechoso entre los humanos y los animales. Tengo comida, alguien que me cuida; no he de preocuparme por huir de los depredadores ni conseguir presas. Encima tengo un sitio dónde vivir y me limpian la arena cuando hace falta. A cambio me dejo tocar, no mucho, depende de mi estado de ánimo, escucho largas conversaciones, doy consejos que nadie escucha, ronroneo de placer, aunque esto no sé a quién satisface más. Y sí, algún día moriré, como mi hermano Kurfu en un charco de sangre, pero moriré como los humanos, tendido en la cama, en el hospital, y no como los animales, tirados en cualquier parte; en caso necesario, doy mi autorización para que una inyección dé punto final a mi vida". Con cara de asombro, Hugo se despierta, no sabe si todavía está soñando o es que el gato sueña con él. No importa; a partir de ahora todo irá bien, está seguro. Da buena suerte que los animales hablen en sueños, fábula del inconsciente. Se deja caer en el colchón, confiado, y apoya la cabeza en una almohada más suave que nunca, mientras unas orejas puntiagudas, un poco ladeadas porque han notado movimiento en la cama, también escuchan.